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Lectura recomendada: Los placeres de la edad, de Carmen Alborch

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Un acercamiento al inevitable proceso de envejecer desde un ángulo positivo.
Lectura recomendada: Los placeres de la edad, de Carmen Alborch
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Hoy recomendamos “Los placeres de la edad”, un libro que plantea una manera de acercarse al inevitable proceso de envejecer desde un ángulo positivo, el que permite que el paso de los años se convierta en un aprendizaje que hace que se disfrute más y mejor de la vida.

La autora es Carmen Alborch. Su trayectoria pública ha sido notable, tanto a nivel político como en su faceta de escritora. Nacida en Castellón de Rugat en 1947, ha sido profesora de Derecho Mercantil de la Universidad de Valencia, de la que fue decana. Fue directora general de Cultura de la Generalitat Valenciana y directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Entre los años 1993 y 1996 fue ministra de Cultura. También fue presidenta de la Comisión de Control de Televisión Española en al Congreso de los Diputados, presidenta de la Comisión Mixta de Derechos de la Mujer y de Igualdad de Oportunidades, portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Valencia y senadora por Valencia.

Es autora de numerosos artículos y varios libros sobre cultura, política y temática feminista. Entre sus obras están Solas. Gozos y sombras de una manera de vivir (1999), Malas. Rivalidad y complicidad entre mujeres (2002), Libres. Ciudadanas del mundo (2004) y La ciudad y la vida (2009).

En 2014 publicó Los placeres de la edad. Según palabras de la autora:

«Creo sinceramente que, a pesar de todo, estamos en condiciones de participar en la que se ha calificado la revolución más significativa del último siglo, la revolución de la longevidad, con la idea o finalidad de envejecer creativamente. Antes la aspiración o la conquista era envejecer; ahora se trata de envejecer bien».

En el libro la autora se plantea cuestiones como qué significa en la sociedad contemporánea cumplir años o si estamos abocados a abandonarnos a una existencia pasiva en la que ilusiones, pasiones, aficiones o intereses políticos o ciudadanos quedan relegados a un segundo o tercer plano.

La autora sostiene que, a partir de los 50 años, y todavía más cuando se llega a la jubilación, se disfruta de una calidad y esperanza de vida que, sumadas a el control del propio tiempo que da tener la vida establecida, la independencia económica y, sobre todo, a la sabiduría adquirida, permiten ser más libres, reencontrase e incluso reinventarse.

Las personas mayores se conocen a sí mismas mejor y tienen claros sus intereses, además de una mirada en perspectiva. Estas cualidades son ventajas para disfrutar de numerosos placeres que cuando somos mayores se viven con intensidad: la libertad, la amistad, la cultura, la familia, el buen humor, el cuidado, el amor, la participación, etc., en definitiva, disfrutar de la vida y sus oportunidades, que adquiere una dimensión diferente cuando las responsabilidades de la vida familiar laboral activa van decreciendo y permiten reorganizarse en todas las actividades diarias y en los proyectos.

Los temas que toca se acompañan de testimonios reales, literarios y cinematográficos que ofrecen a quien se acerque a este libro un gran abanico de posibilidades de disfrutar, y mucho, del placer de vivir.

Para Carmen Alborch: «No hay una vejez, sino diversas vejeces. Envejecemos como hemos vivido, con multitud de matices, porque hay márgenes para el cambio, en función de los distintos condicionantes y circunstancias, como son la genética, la salud, el lugar del mundo en el que hayamos nacido o vivido, la formación, las circunstancias sociales, la situación económica y, por supuesto, la suerte».

Una buena lectura para llenar la primavera que empieza de perspectivas, proyectos y visiones positivas.
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