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Mirando al exterior: Un modelo de cohousing en Austria

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Una vivienda compartida en Viena para personas mayores nos pareció muy interesante.

En 2014 Inforesidencias.com promovió un viaje a Suiza y Austria en el que visitamos varias residencias, centros para mayores y alguna administración.

Como algo novedoso y diferente tuvimos la ocasión de visitar en Viena una vivienda compartida para personas mayores (tipo cohousing) que nos pareció muy interesante.

El edificio donde se encuentra la viviendoa fue construido en 2011 con una subvención pública que pretendía que éste estuviese pegado a la estación de tren elevado pero sin que se oyese ruido alguno desde el interior. La construcción tenía que ser ecológica y, con viviendas debían venderse a unos precios asequibles.

El resultado, Am Mühlgrund (Mühlgrundgasse 3 1220 Wien, Austria), una construcción futurista con 54 viviendas de entre 66 y 126 m2 que se alquilan por entre 419 y 1.802 Euros al mes (precios de 2014) con un depósito previo de entre 4.300 y 55.000 Euros.

La empresa decidió que, además de esos requisitos de diseño, dedicaría una parte de la planta baja (300m2 más 100 de terrazas) a crear una vivienda compartida para ocho personas mayores que decidiesen vivir juntas y contrató a una empresa acreditada de atención domiciliaria para que gestionase la selección de las personas que vivirían allí y canalizase sus necesidades.

Para el proyecto la empresa contó con el apoyo de la asociación Arbeiter-Samariter-Bund (ASB) o asociación de trabajadores samaritanos.

Lo curioso no es que el piso sea eso: un piso grande donde viven ocho personas, cada una en su habitación, compartiendo una parte de las labores domésticas. Sino que incluso, de cara a la administración, no han tenido que pedir ninguna autorización especial a ninguna autoridad social. Nos insisten que se trata de una vivienda y ya está.

Cuando visitamos la casa vivían en ella seis mujeres y dos hombres. Cada uno ocupando una habitación individual y pagando por ella un alquiler que oscilaba entre los 550€ y los 650€ al mes. Dentro de ese precio se incluía el alquiler de la habitación, el uso de los espacios comunes (que se limpiaban dos veces a la semana por parte de una empresa externa) y los suministrar (agua, gas, electricidad..). Todos los servicios no incluidos se podían contratar con la empresa de ayuda a domicilio que gestiona los ingresos o con otros proveedores. Para lavarse la ropa había una habitación con lavadora y secadoras así como y un espacio para tender y planchar la ropa.

Los usuarios los selecciona la empresa de SAD mediante unas entrevistas a los candidatos, que son personas mayores autónomas que no necesitan de ayudas. En ese proceso, la empresa intenta seleccionar a los que se puedan integrarse con más facilidad (hasta nuestra visita reconocían haberse equivocado en una ocasión con una persona que se fue al poco de entrar). Los candidatos sabían que podrán vivir en la casa mientras no necesitasen atención profesional nocturna. Si pasaban a ser dependientes pero con ayuda a domicilio tienían suficiente, podían quedarse siempre que esa fuera su voluntad. El piso es totalmente privado aunque quienes viven en él pueden obtener ayuda a domicilio financiada por la administración.

Algunos de los convivientes nos dejaron ver sus habitaciones y nos llamó la atención que no eran los típicos espacios ordenados que se ven en las residencias para mayores y apartamentos tutelados sino que, cada uno lo tenía como quería (algunos bastante desordenados y no muy limpios). En una de las fotoos puede verse cómo tiene el cuarto de baño una de las señoras, con ropa colgando de diversos lugares. Los espacios comunes estaban más ordenados.

Durante nuestra visita tres señoras se preparaban una ensalada y un plato de arroz.

Las preguntas que plantearon los asistentes al viaje fueron desde cómo se afrontaban los conflictos entre convivientes a qué hacían cuando alguien se ponía enfermo. ¿Las respuestas? Una enfermera coordinadora acude tres veces por semana y ese día se ponen los asuntos del día a día en común y se intentan resolver los conflictos. En el tiempo que llevan funcionando no han aparecido conflictos que no se hayan podido solucionar hablando así. Cuando alguien enferma lo hace como si estuviese en su casa. Si tiene que ir al médico va por su cuenta o acompañada de algún conocido y si necesita ayuda y quiere contratarla lo hace.

Lo que motiva a las personas mayores a querer vivir en este piso compartido es que se trata de personas que vivían solas en casas no adaptadas y con miedo a que, si algún día les pasaba algo, no podrían obtener la ayuda adecuada, a pesar de tener teleasistencia y recibir ayuda a domicilio. Lo que valoran, una vez viven en la casa es que han encontrado a gente "como ellas" (eso nos dicen que es gracias a la labor de selección).

Como el propietario de la casa es una empresa, les preguntamos cómo va el negocio. La respuesta es llamativa. Tardaron 18 meses en llenar este piso con ocho personas por lo que al principio no les resultaba demasiado rentable. Con la experiencia que tienen ahora, en poco tiempo abrirán otro y esperan tener un grupo en poco tiempo.

Las reacciones entre los asistentes al viaje fueron encontradas. Algunos destacaron que habíamos visto una flor “que no hace primavera”. Si en todo Austria sólo hagíq un centro así, no se puede saber si será algo que prosperará como modelo. A otros les gustó aunque se preguntaban si en España muchas personas mayores optarían por ir a vivir a un piso así.

Tres años después empezamos a tener experiencias de cohousing en España y un activo movimiento que promueve esta forma de vida. Fue bonito haberlo visto en directo en Austria.

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